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LA “MISION ESPECIAL” de la OEA

Dos días en Lima para cumplir con el ritual

Si no fuera porque viene a ver una situación excepcional de metamorfosis política en el Perú, la "Misión" no tendría nada de "Especial".  En dos días escucharán a tirios y troyanos diciendo que tienen la razón, cuando en realidad no la tienen completamente. 

De: Nilo Meza M.

Publicado: 2022-11-20

No nos hagamos ilusiones. La OEA viene con instrucciones precisas de quienes la sostienen: la Casa Blanca (Biden) y el Departamento de Estado (Responsable de las Relaciones Interancionales y la Política Exterior) de los EEUU. No olvidemos que este país contribuye con el 65% de los recursos necesarios para el funcionamiento de la multilateral.

No se requiere una bola de cristal para saber que, lo que diga o haga la OEA en Lima, será perfectamente consistente con los intereses geopolíticos de Washington tan vapuleados en su intento de mantener hegemonía hemisférica y mundial. El regreso de Lula en Brasil y la irrupción de Petro en Colombia, sumados a México, Chile, Bolivia, Venezuela, Honduras, Panamá y Argentina, configuran un escenario latinoamericano absolutamente inconveniente a los objetivos geopolíticos de EEUU. Se le acabaron las “cabeceras de playa” en Latinoamérica.

Ecuador, único gobierno ultraconservador en sudamérica, alineado a la Política Exterior de los EEUU, no garantiza nada y, por el contrario, parece ser un estorbo dada la torpeza de su Política Exterior.

Entonces, como por arte de magia, el gobierno del Perú, cuyo presidente fue elegido en la lista de un partido de izquierda, aliado ipso facto de la ola progre en la región, se convierte súbitamente en un candidato que califica para ser “cabecera de playa” de EEUU. Es decir, un territorio (Perú) con un presidente dispuesto a ser el punto de apoyo a sus estrategias de influencia y dominación en Sudamérica, exactamente como lo fue Chile con Pinochet, o Colombia con Duque, para no citar otros casos.

¿Y cómo ocurrió esa metamorfosis? Aunque la historia es más extensa, baste decir, por ahora, que el señor Castillo al encontrarse, literalmente, con la Presidencia, dejó fluir los elementos que alimentaron su audacia de postular a la presidencia en un partido de izquierda: un pragmatismo primario puro y duro, permeable a la inmundicia de la corrupción que campea en el Perú. Desde el primer día que asumió el cargo, su objetivo era sobrevivir a la estrategia golpista que se anunciaba descaradamente.

Si para ese objetivo tenía que liquidar al partido que lo llevó al poder lo haría. Si tenía que renunciar a todos sus ofrecimientos en campaña, lo haría sin pensarlo dos veces. Ambas cosas ocurrieron. Se sacudió de Perú Libre, archivo las promesas de una Asamblea Constituyente, la revisión de los Contratos Ley, la masificación del gas, la regulación del precio del combustible con Petroperú fortalecido, parar el abuso de los peajes, etc. etc. Todo lo dejó porque, oh torpe ingenuidad, creía que eso calmaría la sed de los golpistas.

Como estamos viendo, nada de lo que ofrecieron los golpistas (gobernabilidad, entre otros) se hizo realidad. “La sangre llama más sangre” era la consigna que animaba a la ultraderecha para seguir debilitando el gobierno del señor Castillo. En su ceguera, los golpistas no se daban cuenta que estaban entregando el gobierno, no a los comunistas como estúpidamente chillaban, sino al andamiaje geopolítico de EEUU. Dicho y hecho, en el Departamento de Estado se dieron cuenta que Castillo era “el hombre” al que había que darle apoyo y “cocinaron” el festín de la OEA que hoy tenemos en Lima.

La izquierda no sabe qué hacer, aunque, en honor a la verdad, debemos decir alguna izquierda. Porque, aquella que no se ha puesto a disposición del señor Castillo, desde que el gobierno comenzó a “arriar banderas” con Mirtha Vásquez como Premier, el camino de renuncia al propósito de cambio estaba definido y no había razón para seguir esperando que cumpla sus promesas. La izquierda que se mantiene esperanzada en que Castillo cumpla con sus promesas, aquella que ocupa puestos en el gobierno o recibe algún trato privilegiado, debe estar en problemas de apoyar o no apoyar al “Ministerio de las Colonias”.

La derecha, cuyo objetivo era vacar al presidente, sea como sea, siente que la OEA viene a apoyar a Castillo y, con ese sentimiento, se desliza por un tobogán que lo lleva a una piscina sin agua. Perdieron soga y cabra. Porque la OEA no atenderá sus pedidos, aunque los escuchará "chillar" con las consideraciones diplomáticas del caso. Esta derecha, con justa razón motejada como bruta y achorada, no logra comprender que los integrantes de la "Misión" viene por encargo del Tío Sam y no precisamente para atender sus majaderías, sino para ver cómo se generan condiciones para alinear de mejor manera al Perú en su estrategia geopolítica. La derecha, esa bruta y achorada, no tiene idea de lo que está pasando.

Lima, 20 de noviembre de 2022


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