#ElPerúQueQueremos

https://vigilante.pe/2022/05/06/convencion-constituyente-en-chile-rumbo-al-fracaso/

EL FRACASO DE LA CC - CHILE

Cuando los deseos y la realidad son intercambiables

Cuando todo parecía fácil en la mente de los constituyentes chilenos, la realidad recobró su lugar y puso en su lugar a quienes pretendieron intercambiarla con sus deseos.

De: Nilo Meza M.

Publicado: 2022-09-08

EL RECHAZO

El “rechazo” comenzó a tomar cuerpo en abril de 2022 cuando la derecha y los grandes grupos financieros hicieron correr, de forma aluvional y multimillonaria, el fake de que los “fondos de pensiones, la vivienda propia, los colegios particulares con subvención y la atención de salud corrían peligro” con la nueva constitución. Nada más falso, pues la Convención Constituyente (CC) no tenía en agenda este tema pero era parte del debate en el Congreso Nacional sobre si se aprobaba o no el quinto retiro para los afiliados de las AFP. Esto fue utilizado sibilinamente por la derecha y, desde entonces, el “Apruebo” entró en un tobogán de descrédito que, en territorios y sectores medios, no pudo revertir.

Si bien la campaña derechista explica parte del “Rechazo” contundente, el desempeño de la CC también hizo méritos para merecerlo, especialmente cuando le tocó abordar los temas identitarios referidos a cuestiones étnicas y de género que, pésima y desproporcionadamente gestionadas, terminaron decepcionando a un sector importante de quienes votaron por un cambio constitucional. Elisa Loncón y, luego, María Elisa Quinteros, presidentas de la CC, tendrán que dar cuenta de su papel en esta trama que desplazó el tema de los requerimientos materiales (alimentación, salud, educación, etc.) que, cualquier político lo sabe, no hacen las distinciones que le quitó el sueño a un sector activo de los convencionales.

El “rechazo”, sin embargo, no significa el fracaso del proceso constituyente, tal como lo quiere mostrar la derecha, sino del desempeño de la CC. Ese proceso sigue en curso y, como dice aquel adagio popular, “no hay mal que por bien no venga”. Se aprenderá la lección y los que tengan el encargo de redactar la nueva Constitución, sabrán priorizar los elementos universales (derechos y obligaciones sin distinciones) de convivencia ciudadana sin dejar de tener en cuenta los elementos étnicos y de género, pero sin convertirlos en controversias que, en su resolución, podrían desencadenar el “rechazo” como el que hoy tenemos.

Por lo dicho, elaborar un texto constitucional supone una clara renuncia a privilegios de grupo que no se condicen con objetivos colectivos, universales. Supone también ahorrarse formalismos que, arropados de discursos “modernistas” llegaban al extremo de ceder el uso de la palabra en las sesiones de la Convención cuando se cumplía “criterios de paridad, plurinacionalidad, pluralismo, plurilingüismo y acción afirmativa”. Estos estereotipos adelantaban el tono y contenido del texto que se venía. Eso no había sido el pedido del pueblo chileno. Pedía cambios estructurales y no una “constitución donde la cuestión étnica y de género” condicionara el resto del contenido.

DEMOCRACIA Y REPRESENTACION

La CC, con su desempeño, hizo del concepto de “democracia” una abstracción donde la representación dejó de ser su esencia y, en su lugar, se intentó “profundizarla” con el “reconocimiento constitucional” de las identidades parceladas según sus propios intereses. Los arts. 162.1 y 163.3 referidos a “escaños reservados” para diferentes niveles de representación (nacional, regional, comunal) y la representación de “diversidades y disidencias”, respectivamente, son muestras claras de que el texto cobraba caracteres ajenos a las mayorías chilenas y, en particular, a los pueblos originarios que votaron por cambios estructurales. Las votaciones en esos territorios revelan cuán lejos estuvieron los convencionales de sus votantes.

Esta forma de percibir la democracia anulaba, para todo efecto práctico, el rol de los partidos políticos en la intermediación ciudadana, dejando en su lugar a los movimientos “identitarios” que declaraban su voluntad de prescindir de aquellos. En ese sentido, es demostrativo el cántico con el que terminó la CC “el pueblo unido avanza sin partidos”. Fatal, cuando a todas luces se requería el fortalecimiento del sistema político y de partidos al amparo de un nuevo texto constitucional.

Algo más. La CC parecía ser portadora del estandarte por la desaparición de la democracia representativa mientras se ensalzaba la diferencia personificada en minorías étnicas y de género. Quienes dirigieron la convención señalaban machaconamente que estos temas, al ponerlos en agenda prioritaria, constituían una reivindicación, una “conquista”, frente a los “opresores” que preferían mantenerlos ocultos. Falso. En Chile estos temas han sido tratados con mucho más libertad y transparencia que en otros países, probablemente con dificultades derivadas de visiones del mundo (iglesia, materialistas, etc.) pero era, sin duda, una de tantas muestras que mostraba a Chile como un país plural, donde se respetaba las minorías étnicas y sexuales.

El debate, desproporcionado y muchas veces altisonante, de la diversidad y la plurinacionalidad, puso en cuestión el sentido de la unidad del país como el gran factor de cohesión y consenso que requiere una sociedad. No es que la diversidad y la plurinacionalidad se opongan a este objetivo, sino que un país con una visión de futuro no puede cimentar su proyecto nacional sobre la parcelación como principio fundamental, sino sobre la unidad que reconoce principios democráticos y de ciudadanía universal, de derechos humanos sin distinción de raza o credo, de opciones sexuales, de territorios, etc.

Finalmente, el discurso en defensa de las minorías y la diversidad incluía un sesgo de victimización que afloraba en cada discurso, con cada argumento por el reconocimiento específico y excluyente. Por ejemplo, era frecuente la alusión a la “opresión” como la principal causa de los problemas que enfrentaban como minorías, como si esa “opresión” estuviera localizada solamente en las minorías. Esta victimización contradecía otros discursos pronunciados por los mismos defensores de la minorías que reclamaba “dignidad” que, entre otros, tenía la potencia de considerar como “injurias menores” las ofensas de las que eran objeto, evitando convertirlas en cuestiones irreductibles que anulaban la tolerancia como valor fundamental en una sociedad donde la diversidad es una característica.

La victimización y, por tanto, su resarcimiento, cobraron espacio en el texto de la Constitución rechazada. El Art. 37.7 garantizaba “acceso preferente a la educación superior” y el Art. 153.2 obligaba al Estado a garantizar “de modo especial” la participación e incidencia política de los “grupos históricamente excluidos”. Parecería razonable y justo. Pero, si se tiene en cuenta que los “excluidos” son lospueblos originarios, migrantes, pueblo tribal afrodescendiente, ¿cómo habría que considerar a los pobres de Chile que, siendo millones, no forman parte de esas minorías identitarias?

LA JUSTICIA

Cuando se tuvo que abordar el tema de la justicia, nuevamente se puso por delante el deslinde identitario, reclamando para la raza y el género preeminencia sobre las condiciones materiales de los ciudadanos. Éstas pasaron a segundo nivel de prioridad en la convención, se impuso, por la “poder” de los votos, el sobredimensionamiento de legítimos derechos derivados de situaciones étnicas y de género que, al final, terminaron dándole forma y contenido al texto constitucional rechazado.

La crítica al desempeño de la CC no incluye elementos de sub estimación sobre temas que aluden a las minorías étnicas y sexuales, lo que se dice es que, en el Chile de hoy, hubiera sido mejor darle la proporcionalidad y espacio que reflejara mejor su lugar en la sociedad. Este es un tema que, con el predominio de corrientes de izquierda, jalonadas por la socialdemocracia y el oportunismo, ha puesto en duda la lealtad del conjunto de la izquierda con el pueblo que dice representar, mayoritariamente pobre y con preocupaciones mucho más cercanas a la supervivencia y mejores niveles/calidad de vida.

El tema, ciertamente, es mucho más complejo, por eso hay que abordarlo con madurez, tolerancia y cuidando que el debate político sea el germen de maduración de ideas y propuestas para el texto constitucional y no el debate identitario que imposibilitó la deliberación política e ideológica (visión) hasta liquidar el rol de los partidos políticos.

QUÉ HACER EN EL PERU

• No caer en la misma tentación de levantar “argumentos” que terminan embrollando un trabajo que reclama realismo y madurez.

• La cuestión identitaria no debe anular el debate político y principista que reclama la elaboración de una Constitución.

• Dejar el interés individual y de grupo en favor de una visión de conjunto, de un proyecto nacional, en el cual estén reconocidas las minorías.

• Otorgar la importancia que se merece el debate sobre las condiciones materiales de existencia de la ciudadanía.

Lima, 08 de septiembre de 2022

Material de lectura

https://www.ciperchile.cl/2022/09/06/politica-identitaria-y-proceso-constituyente/

https://www.ciperchile.cl/2022/09/05/los-cuatro-dias-clave-que-llevaron-al-rechazo-al-tope-de-las-encuestas-y-los-cinco-meses-de-campana-para-mantener-esa-ventaja/

https://www.ciperchile.cl/2022/09/07/continuar-con-el-proceso-constituyente/

file:///D:/ArchivosNilo/Downloads/La%20Tercera.%20Chile.%20Especial%20Plebiscito%20de%20Salida.pdf


Escrito por


Publicado en